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¿Qué tan a fondo va el Fondo? (rompiendo mitos sobre lectura)

  • Eduardo Mendez
  • 13 feb 2019
  • 3 Min. de lectura

No leemos por falta de tiempo, pero el proyecto de Paco Ignacio Taibo II es una proyección de avance para la vida de los mexicanos.

En su cargo como director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II presentó su propuesta para democratizar la lectura, la cual consiste en ampliar el acceso de la población a los libros mediante la organización de brigadas en las que éstos se promocionen y se regalen. También contempla la organización de ferias de libros y rebajar los precios de las obras a través de la disminución de los costos de producción. Con su plan de trabajo, Taibo no se limita a la edición de libros y la inauguración de sucursales. Su objetivo principal es crear interés en la lectura y posibilitar su satisfacción. Si se va a alcanzar a los no lectores, será rompiendo la idea de que los libros son artículos ajenos, distantes y de lujo.

La iniciativa no ha dejado indiferentes.

En parte porque Taibo es un relevo que trastoca la tradición de la intelectualidad en el cargo, la cual han ocupado funcionarios que, aunque no pueden homologarse por los papeles diferenciados que han tenido en la vida nacional –lo precedieron el priista José Carreño, Joaquín Díez-Canedo, Consuelo Sáizar Guerrero, Gonzalo Celorio y el ex presidente Miguel de la Madrid–, sin duda difieren de Taibo por la presencia mediática y popular que ha logrado éste último.

“Político de quinta”, “mexicano ejemplar”, “escritor comprometido” y “populista expropiador” son algunos adjetivos que muestran la polémica que se genera en torno a su persona en función pública.

Pero fuera del prejuicio ad hominem, se ha señalado un error del proyecto del Fondo: la reducción de precios no aumentará los índices de lectura, pues si la gente en México no lee, ello se debe más a la falta de tiempo, que a la escasez de dinero.

Un estudio del INEGI respalda este argumento y coloca a la falta de tiempo como el principal motivo para no leer (45% de los no lectores encuestados), seguido de la falta de interés (24.4%), luego el hecho de tener otras prioridades (14.8%) y luego padecer problemas de salud (13.1%). La disminuida economía familiar aparece en el quinto lugar con solo el 1.7% de los encuestados. Esto presenta un doble problema. Si estos datos plantean “el tiempo” como el meollo del asunto, ¿cómo estirar el día para dedicarle un espacio a la lectura? ¿El plan de Taibo no sería errado en estas condiciones?

La primera pregunta ya se ha hecho y la salida, desde la Voz de las empresas, ha sido la voluntarista-individualista: promocionar la lectura con fotos de celebridades que, fuera de la campaña, configuran su figura pública en total distancia respecto de los libros. El mensaje es otra variación de “el cambio está en uno mismo”. Se trata de la repetida propuesta de un cambio meramente subjetivo desde la llamada administración del tiempo libre. Rechacemos eso.

La dificultad que supone el tiempo para realizar el acto de leer, no es debida solo a que no nos damos el tiempo. Hay un agravio estructural que es histórico y que es clasista. El privilegiado tiempo libre a disposición no es para quienes enfrentan jornadas laborales que van de las 6 a las 24 horas. A quienes el transporte les implica de 1 a 3 horas de su día, en sólo uno de los sentidos y en medios de transporte tan concurridos que sólo una escasa minoría logra sentarse en su trayecto. Sumado a ello, las mujeres con hijos suelen vivir la doble explotación empleo-hogar. Y quien al final del día dispone de algunas horas, lo ocupa para su esparcimiento (el no hacer), ejercicio (físico) o manejar algún negocio micro o nano para completar el gasto.

¿Entonces... no son económicos los motivos?

Claro que el horizonte y la salida real a este problema es el aumento salarial, la reducción de las jornadas laborales y el aumento de días de descanso. Obviamente lograr eso tendría repercusiones benéficas en relación a la disminución de las tasas de desocupación, acortando la brecha socioeconómica, mejorando la salud física y mental, además de realizar el objetivo inmediato de disponer de tiempo.

Pero mientras nos convertimos en una mayoría nacional capaz de disputar aquello, para nosotros el proyecto de Taibo es una proyección de avance para la vida de los mexicanos. Pretende una transformación cultural por la que, por un lado, los libros se conviertan en artefactos para realizar tanto el esparcimiento como el ejercicio (mental), buscando posicionar a la lectura como acción amena, humana, liberadora y para la socialización y la historización de las personas; por otro lado, insta a que los funcionarios dejen sus oficinas lujosas y los intelectuales las aulas. Y si no apunta en su intención para formar con las herramientas del marxismo, sí transforma una relación fundamental a nivel del Estado: la de intelectuales y sociedad.

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