La disputa por la hegemonía en tiempos pandémicos (I)
- Sandra Vanina Celis
- 2 feb 2021
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 7 feb 2021

El 31 de diciembre de 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue notificada por China sobre una neumonía vírica de causas desconocidas que empezaba a esparcirse entre los habitantes de Wuhan. Por esas fechas, pocos en el mundo nos imaginábamos que las palabras “coronavirus” y “Covid-19” se harían parte de nuestro léxico cotidiano. Y pocos imaginábamos que la palabra “cuarentena” dejaría de ser suficiente para referirse a los incontables días que pasaríamos encerrados (y que superaron por mucho los 40 días...).
Estamos a un año de distancia y la pandemia, lejos de “ir de salida” (AMLO dixit), entró en una nueva fase de tensiones caracterizada por el relajamiento de las medidas en muchos países, el correlativo repunte de los contagios y el acelerado proceso de la creación, prueba y distribución de vacunas que ha despertado todo tipo de suspicacias. Cabe preguntarse: ¿Qué implicaciones traerá esto para la lucha de clases en 2021?
A esta legítima duda hay que agregar que, como punto de inflexión en la historia del capitalismo, pensar en lo que devela la pandemia es y seguirá siendo una tarea fundamental para todo proceso alternativo (trátese de gobiernos, partidos o movimientos sociales), pues de esto dependerán las salidas políticas que se puedan plantear en cada situación concreta. Es así que pensar en un mundo “postpandemia” nos parece tan prematuro como pensar un mundo “postneoliberal”. Y es que no hay nada que hasta ahora nos pueda hacer pensar que nos dirigimos hacia un mundo “después de” la pandemia. Más bien, la pandemia es un limbo político-epistemológico cuyas más graves consecuencias aún no se develan. Podríamos decir que estamos apenas en presencia del inicio de profundos cambios en la lucha de clases, los cuales prometen la intensificación de medidas antipopulares en todo el mundo (más privatización, más desregulación, más desempleo, más deudas, menos derechos y menos democracia). Así lo demuestra el hecho de que la racionalidad de la producción mercantil globalizada, misma que nos expuso a todos a la zoonosis, siga su curso, amenazando con desatar cepas de virus aún más contagiosos o letales.
Por eso, y sin el lastre de ansiedad teórica que supone pensar en un futuro “post”, proponemos pensar esta situación bajo la certeza de que nuestra lucha se desplegará en un mundo capitalista y pandémico. Tal será la mentada “nueva normalidad”. En vista de eso nos espera lidiar con nuevas formas de subalternización, pues no cabe duda de que los poderosos sabrán sacarle provecho a lo que han aprendido de esta pandemia; y es que el miedo a un virus es muy eficaz para desatar la guerra de pobres contra pobres (o de “covidiotas” contra “covidiotas”). Y es eficaz, asimismo, para combatir a los gobiernos de izquierda emergentes, pues una crisis de esta magnitud puede dificultar o imposibilitar la incorporación de demandas populares en el Estado, lo que augura nuevas rupturas entre los gobiernos y las bases populares (será, muy probablemente, el caso de México y Argentina).
Así, la siguiente será una reflexión en tres entregas: realizaremos, para empezar, una breve caracterización de la pandemia (fruto de las discusiones colectivas y posteriores acuerdos que tuvimos durante el año en Colectivo Ratio) como base para bosquejar dos ejes fundamentales de la disputa hegemónica, estos son: la disputa por el Estado y la disputa por el sentido común. Esperamos que estas líneas ayuden a guiar la praxis de quien/es las lea/n en este nuevo año que se avizora tremendo.
La esperanza está a la vuelta de la esquina...
Caracterización de la pandemia
Todos sabemos que la pandemia que atravesamos es un suceso inédito. Pero quizá más peligroso que el coronavirus que la desató sea ese otro virus que sufrió muchas mutaciones a lo largo de los meses, y que resultó más contagioso a la postre: el miedo.
El miedo global desatado en primera instancia por la OMS ha tenido sus propias expresiones (y mutaciones) en México. Y esto no ha sido ajeno a las organizaciones de izquierda ni a lxs sujetxs organizados, quienes en medio de la incertidumbre hemos tenido que construir nuestros balances en torno a esta situación que insiste en escurrirse de las manos. No obstante, a la fecha se percibe mucha confusión entre activistas, militantes, intelectuales y demás, lo que abona a las ya de por sí profundas divisiones de las diversas expresiones de izquierda. Al respecto basta ver el tipo de comentarios que provocó en redes sociales la salida de Hugo López-Gatell a Oaxaca en las vacaciones decembrinas, algunos de los cuales llegaban a coquetear con la idea de que la pandemia nunca existió. Este tipo de posturas no hacen sino demostrar la necesidad de contar con fundamentos teóricos mínimos, ya que sólo así podemos evitar caer en posturas superfluas, ultrarradicales, conspiranoicas o negacionistas que se alejen de la realidad que intentamos transformar.
En ese sentido, los axiomas de nuestro balance —los que, creemos, deberían de constituir las bases de todo balance serio— son: 1) el virus es real; 2) acatar las medidas de sana distancia es necesario, tanto por la salud colectiva como por tratarse de una cuestión política; 3) la pandemia es expresión de la crisis civilizatoria; 4) la pandemia —como la crisis civilizatoria— no implica el derrumbe del capitalismo; 5) la pandemia agudizará el autoritarismo en países gobernados por la derecha, mientras que en aquellos gobernados por la izquierda promoverá el fortalecimiento de la oposición; 6) es necesario hacer un balance diferenciado de América Latina, pues la mayoría de enfoques son eurocéntricos. Finalmente, y por todo lo anterior: 7) es necesario impulsar las expresiones y proyectos democráticos de transformación popular presentes en la 4T, a la vez que impugnamos sus expresiones decadentes y retrocesos en materias de justicia y cambio social.
Cabe mencionar que nuestro balance fue construido en torno a discusiones colectivas, foros públicos y artículos, muchos de los cuáles pueden ser consultados en línea. En ellos sintetizamos las razones para apoyar las acciones relativamente autónomas de México frente a mandatos externos de aparatos a los que usualmente habría obedecido (lo que refleja una conquista, aunque sea pequeña, de mayor soberanía). Además, reivindicamos las acciones llevadas a cabo durante este tiempo que, si bien siguen siendo políticas públicas dictadas desde arriba de forma paternalista, lo cierto es que algunas de ellas tienen potencial transformador en el largo plazo (como por ejemplo, la guerra contra la comida chatarra de las empresas trasnacionales que lucran a costa de la salud colectiva). Sin embargo, la necesidad de desplegar una crítica más incisiva se deriva no sólo de la situación a nivel nacional, sino de la específica coyuntura que abre a nivel mundial la nueva fase de la pandemia y de la cual hablamos en la introducción.
Es esta coyuntura mundial la cual analizaremos en la próxima entrega como ya dijimos, a partir de dos claves gramscianas fundamentales: la disputa por el Estado y la disputa por el sentido común.
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