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Hacerse querer por el Pueblo: el consejo de la guerrillera Thai y de Ho Chi Minh

  • Katia Romero
  • 15 feb 2021
  • 4 Min. de lectura


El trabajo de base, como le llamamos al proceso de organización con la gente que habita un territorio delimitado con la finalidad de resolver problemas sociales, es primordial para desarrollar y detonar procesos de poder popular. Todo y toda comunista, cuando es consecuente, buscará caminar en ese sendero y no será raro que se tropiece, pues comenzar un trabajo de base puede resultar verdaderamente difícil. Si tú estás dándote golpes en la cabeza pensando en cómo lograrlo, permíteme compartirte el consejo de la guerrillera Thai y el tío Ho Chi Minh: hazte querer por el Pueblo.


En un documento llamado “Recomendaciones al primer congreso nacional para la educación de los cuadros”, Ho Chi Minh nos contó la historia de cómo Thai y sus compañeros lograron que una aldea de campesinos vietnamitas se sumara a la lucha por la liberación nacional. Thai era una militante comunista de 16 años, sin mucha experiencia y sin un nivel elevado de formación teórica, que estaba encargada de hacer propaganda en la aldea de Son La. A pesar de los intentos de Thai, las consignas del Partido no lograban ser adoptadas por la población.


Un mal día, las fuerzas enemigas ocuparon la aldea. La población y los cuadros de Son La se vieron obligados a refugiarse en otra aldea. Ahí, los hombres y mujeres de Son La despreciaban a Thai y a sus compañeros por no tener la capacidad de enfrentar al enemigo. La situación era desastrosa. No obstante, Thai convenció a sus camaradas para colaborar en las tareas cotidianas de ese pueblo en desgracia. No eran misiones magnánimas; se trataba de cosas sencillas: lavar ropa, aliviar enfermos, construir techos, acarrear agua. Los cuadros se desvivían por ayudar a la gente en todas sus ocupaciones. Fue así como se ganaron nuevamente la estima del pueblo de Son La.


El vínculo entre el pueblo y los cuadros se restableció. Thai y sus compañeros vivían intensamente unidos al pueblo a través de esas labores cotidianas. Poco a poco pudieron reorganizar la producción y la lucha armada. Después de cuatro años el enemigo asomó de nueva cuenta, pero el pueblo y sus guerrilleros lograron resistir y rechazarlo utilizando creativas tácticas de guerra, las cuales fueron diseñadas por los ancianos y aprobadas por todos. El pueblo logró una confianza inmensa en sus propias fuerzas y en los cuadros de la Revolución.


Thai tenía 20 años cuando narró su historia a Ho Chi Minh. Ambos sacaron una conclusión resumida en tres puntos, que Ho enuncia así:


“Cuando están unidos los cuadros llevan a cabo todas las tareas que les son asignadas. Los cuadros deben darse a querer por el pueblo, ganar su confianza y su aprecio. Los cuadros deben mantener unidas a las masas y aprender de ellas.”


El “hacerse querer” es una luz guía para todo militante que pretende iniciar un trabajo de base en el horizonte del poder popular. No tenemos que rompernos tanto la cabeza; basta estar viviendo con esa población para entender los problemas específicos que enfrenta y saber qué cosas podemos hacer para resolverlos de manera colectiva. Ojo: tenemos que ser uno de ellos y no un ente externo que pretende venir a dar todas las respuestas a sus problemas. Hay que romper con esa visión colonial. Involucrarnos y poner el cuerpo y el alma. Es la manera de ser aceptados como parte de esa colectividad.


Y es que la praxis profunda del “hacerse querer” está vinculada de muchas maneras a la máxima de Lucio Cabañas: “Ser Pueblo, hacer Pueblo y estar con el Pueblo”… pero de esto podremos hablar en otra ocasión. Por ahora terminaré recordando que estos son los mismos consejos que Lenin compartía en 1920 a las Juventudes Comunistas:


Si el estudio del comunismo consistiera únicamente en saber lo que dicen los trabajos, libros y folletos comunistas, esto nos daría fácilmente exegetas o fanfarrones comunistas, lo que muchas veces nos causaría daño y perjuicio...


Las Juventudes deben, en su pueblo y en su barrio, aportar su contribución, por ejemplo —un pequeño ejemplo— al mantenimiento de la limpieza o a la distribución de víveres. ¿Cómo se hacían las cosas en la vieja sociedad capitalista? Cada uno trabajaba sólo para sí, nadie se ocupaba de si había ancianos o enfermos, o si todos los quehaceres de la casa recaían sobre una mujer (que por ello estaba esclavizada y aplastada). ¿Quién tiene el deber de luchar contra todo esto? Las Unión de Juventudes Comunistas, que debe decir: nosotros trasformaremos esto, organizaremos destacamentos de jóvenes que ayudarán en los trabajos de limpieza, en la distribución de víveres, recorriendo sistemáticamente las casas, que trabajarán en forma organizada para el bien de toda la sociedad, repartiendo con acierto las fuerzas y demostrando que el buen trabajo es el trabajo organizado.


...(La Juventud) Debe ser tal, que todos los obreros vean gente cuya doctrina les sea tal vez incomprensible, en cuyas ideas no crean tal vez inmediatamente, pero cuyo trabajo real y cuya actividad muestren que son ellos los que indican el verdadero camino. Sólo por este trabajo se convierten un joven o una muchacha en verdaderos comunistas. Sólo trabajando con los obreros y los campesinos, se puede llegar a ser un verdadero comunista.

Entonces, camaradas, no descuidemos el trabajo intelectual, que es igualmente fundamental, pero vayamos pisando el territorio donde vamos a trabajar. De nada sirve la teoría sin la práctica; no se aprende la teoría sólo para discutir y formar a otras y otros. La teoría ayuda a comprender los acontecimientos de la sociedad, lo que nos permite tomar decisiones justas y aplicarlas. Así que apliquemos la teoría, discutamos, pero para saber cómo actuar. Y una vez en territorio, es preciso fundirse en el pueblo, crear un “nosotros” a partir de las necesidades y la voluntad colectiva.


A donde quiera que vayamos, hagámonos querer por el Pueblo.

 
 
 

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