La triada embutera
- Eduardo Méndez
- 22 jul 2019
- 4 Min. de lectura

“El embute es la continua y alegre ratificación del poder
de una prensa que denuncia virilmente
la excelsitud de una clase dominante”[1]
Embute, era como se le llamaba antes de los años 60 a la práctica que ahora conocemos como chayote. Hoy se suele utilizar como la forma correcta o formal, sin embargo, ambos términos son analogías para llamar a una de las relaciones más oscuras entre sociedad política y sociedad civil.
Embutir –de embutido –es la acción de comprimir el área ocupada por cierta sustancia (usualmente, carne molida), restringiéndola al espacio designado por una tripa natural o artificial. El término es usado en el periodismo cuando el acotamiento de sus contenidos se da al aceptar una línea de dirección dictada por empresarios o gobernantes, quienes proporcionan beneficios financieros para quien omite algún hecho en su labor informativa o lo transforma para hacerlo de signo contrario.
La tarea de combatirlo ha estado presente en el discurso oficial del gobierno actual, usando como justificación los datos de gastos en Publicidad Oficial del sexenio pasado. El gasto ascendió a los 9,000 millones de pesos anuales y se calcula, de acuerdo a las cifras del INAI, que entre 2012 y 2018 se gastaron hasta 62,000 millones de pesos para pagar publicidad a medios de comunicación y a periodistas individuales.
El asunto aquí es que, aunque gastar en comunicación es necesario para informar de la situación del Estado y las programáticas del gobierno, la asignación de los recursos es discrecional: se utiliza para que los medios más cercanos a los funcionarios en vigencia hagan propaganda y no para informar a la gente sobre asuntos públicos. Además, el gasto es excesivo hasta para los altísimos límites establecidos. Siguiendo los rastros dejados por el gobierno anterior, se asignaba un presupuesto anual a comunicaciones para luego, sobre la marcha, aumentarlo entre 60 y 70 por ciento. Esto nos plantea dos incógnitas:
La primera es ¿por qué es tanta la necesidad de aprovechar los recursos públicos para medios de comunicación?
La respuesta tiene que ver con la dimensión ideológica del Estado: ya en otras entradas hemos hablado de que la labor mediática gubernamental no se reduce a ocultar y mentir, porque también configura un campo –la opinión pública –en el que se definen las reacciones que las clases dominantes esperan del público. El régimen político-empresarial coloca como comunicadores a miembros de familias cercanas, adeptas y de adecuada fisionomía, para ser la cara de la información fidedigna. En tanto, los pobres, indígenas, campesinos o marginados aparecen como personajes secundarios. Porque secundario, risible y nulo se pretende su papel en las decisiones políticas de larga escala.
Para explicar esto necesitamos la segunda incógnita: ¿De dónde provienen los recursos extras al presupuesto?
Vamos a un relato de origen: Julio Scherer señala un posible origen del chayote en su libro Los Presidentes, situándolo en la década del 60, en el sexenio de Gustavo Díaz Ordáz y en el estado de Tlaxcala. Siendo la fuente un relato oral, versiones varían entre si la hazaña fue del presidente mismo o del gobernador, pero concuerdan en que se convocó a la prensa para presentar un sistema de riego que mejoraba las cosechas de los agricultores locales. Los reporteros llegaron en un autobús al destino y antes de bajar el jefe de prensa entregó a todos unos sobres. Era visible que no había en el terreno los brotes que mostraran un sistema de riego funcional. Alguno de los presentes que abrió su sobre miró el contenido de dinero y exclamó apuntando con el dedo: “¿Ya vieron qué grandes están los chayotes que crecen por allá?”, acto seguido todos concedieron.

La ausencia de lo popular en los contenidos mediáticos (por omisión o rechazo) es un fenómeno que oculta pero que al mismo tiempo deja ver su esencia. El aparato comunicativo se elitiza en su contenido porque de fondo están elitizadas sus estructuras, de forma que la concreción de esa relación entre aparatos ideológicos de Estado y clases subalternas, ocurre de forma material y no ideológica. Los recursos para la corrupción mediática han sido tomados históricamente de los pobres. En el ejemplo concreto, de los campesinos.
Y es que el dinero público se ha usado lamentablemente en acuerdos millonarios con empresas de diversos rubros, pero pocos son tan descarados y sensibles como lo es la desviación del dinero del campo para que los políticos paguen por que se diga que trabajan.
Don Julio Scherer tenía esto bien claro y no sólo eso; ¡tenía cómo probarlo! por eso escribió El poder, historias de familia, un pequeño libro que a modo de crónica relata cómo durante el sexenio de José López Portillo, eran aprobados pagos que iban desde los 300 pesos hasta los 200 mil mensuales para periodistas, editores, conductores y hasta para el jefe de la policía (comprarle cajas de champange rosado). Las cifras parecen bajas, pero la cosa cambia contemplando que cada peso de aquella década equivaldría a $8,500 actuales. Todo con recibos firmados por Everardo Espino, entonces director del Banrural.
A modo de conclusión, lo relevante aquí es lo que genera entender esta relación: indignación y odio porque se evidencia que de políticos y medios, su lugar privilegiado, sus trajes, sus peinados, joyas, sus mansiones, vehículos y sus cuentas millonarias, están construidas a partir de la miseria, el cansancio, el dolor y la desolación de los padres simbólicos de toda y todo mexicano como hijos del maíz. Y no se confunda con un rencor por un destino grande y hermoso que les robaron hace cientos de años y la nostalgia impotente de qué hubiera sido si no. El problema, que es histórico, continúa y se perpetúa cotidianamente. Si no en sobres, en tansferencias bancarias; si no desde Banrural, de Sedesol. Pero si no ha de ser eterno, no debe de conformarse con que el presidente lo declare asunto del pasado. Hoy el tema está en la palestra.
Fuentes
[1] Proceso. 2 de Junio del 79. El embute o la libertad de sumisión. En línea: https://www.proceso.com.mx/126200/el-embute-o-la-libertad-de-sumision
Proceso. 6 de junio, 2019. Inai difunde lista de beneficiados de publicidad oficial con EPN: miles de millones a televisoras. En línea: https://www.proceso.com.mx/587306/inai-difunde-lista-de-beneficiados-de-publicidad-oficial-con-epn-miles-de-millones-a-televisoras
Manuel Ajenjo: El Chayote, origen y paternidad. 07, octubre, 2013. En línea: https://www.eleconomista.com.mx/opinion/El-chayote-origen-y-paternidad-20131007-0004.html
Scherer García, J. 1990. El poder, historias de familia. Editorial Grijalbo, SA. México.