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En el cine, la mente como espacio a defender

Remitamos, a modo de conclusión, a una última película. En Detachment[4] (Indiferencia, en español) hay un discurso en voz de Adrien Brody en el papel de Henry Barthes, que dice a los estudiantes de su grupo luego de ver que en otra aula un profesor proyecta con emoción un video del congreso alemán del tercer Reich. Aprender debe ser una labor constante, consciente y crítica; en el neoliberalismo, la sistematicidad de los ciclos de capital permea la vida, casi totalmente; de modo que preservar nuestra mente y pensamiento resulta una necesidad. La defensa activa de ese espacio, tan íntimo como el de la mente, es un acto de resistencia que sale de los límites del mismo, y debe ser una lucha por no olvidar, por la dignidad, por la no naturalización de la barbarie, contra la indiferencia y por un futuro.

Referencias

 

[1] Dirige: Jordan Peele. País: Estados Unidos. Año: 2017

[2] Dirige: M. Night Shyalaman. País: Estados Unidos. Año: 2016

[3] Benjamin, W. (2003) La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Capítulo IX: “El intérprete cinematográfico”. Editorial Ítaca, México.

[4] Dirige: Tony Kayes. País: Estados Unidos. Año: 2011

En el cine hollywoodense de hoy hay una presencia de la mente como elemento estructural para las historias contadas, y no me refiero a que se esté profundizando en estudios de psicología para sustentar lo veraz de un argumento, o  al recurso del recuerdo, los sueños o la imaginación, que son bastante comunes. Me refiero a aproximaciones en las que se plantea a la mente como espacio de disputa. De manera que tomar papel en esa disputa es una cuestión de permanencia, pues de lo contrario nos enfrentamos al vacío y la insignificancia, o en el peor de los casos en un espacio invadido, tomado para ser usado por alguien más mientras uno no tiene más que asumir pasivamente lo que ocurre ahí.

Dos películas recientes ayudan a ejemplificar este modelo: una es Get out[1] (¡Huye! en español), en la que al personaje principal, Chris, se le envía a “hundirse” en un momento de sugestión hipnótica. El personaje baja a lo que pareciera el espacio sideral, flotando entre la inmensidad negra, sin ser capaz de avanzar un ápice hacia el cuadrado por el que fue propulsado y que ahora solo sirve como ventana o pantalla para ver el mundo desde los ojos que ya no sirven a sí mismo.

La otra película es Split[2] (Fragmentado, en español), que aunque menos visual, el “espacio” dentro la mente es semejante: Las personalidades que comparten cuerpo del actor James Macavoy están en alguna clase de sala dentro de él, sentadas en una banca, comunicándose o peleando abiertamente entre ellas. La personalidad que hace uso del cuerpo es aquella que porta la luz y ésta puede ser cedida o tomada a las demás en espera. 

Este recurso imaginario que sirve para las historias de la pantalla grande es, como creación, una representación metafórica de una realidad social, directamente hablan de la hipnosis y de la posición omitida del negro para el blanco en Get out  o de la múltiple personalidad en Split, pero la ficción no se agota en el contenido mismo de la obra, sino que por fantástica, permite hacer uso práctico para analizar otras situaciones como:

Una metáfora de la actuación misma: Para Pirandello retomado por Walter Bnejamin[3], el intérprete de cine actúa para los aparatos, para todo el sistema de video y todo el sistema de audio, rodeados de personas que no fungen como espectadores sino como evaluadores, pues el cine antes que para un público, se realiza para su reproductibilidad técnica, se consigue desde antes de que se realicen millares de dvds o se suba a la red para transmitirse con un click; ocurre desde la producción, con el intérprete “exiliado no solamente de la escena sino de su propia persona. Percibe con oscuro desconcierto el vacío inexplicable que aparece por el hecho de que su cuerpo se convierta en una ausencia, se desvanece y es privado de su realidad, de su vida, de su voz y de los ruidos que hace al moverse” (p.69).

Sin embargo, hoy parece plausible hacer una extensión de esa reproductibilidad técnica del arte, hasta la vida cotidiana, pues al sistema tecnológico propiedad de diversos capitales, al que se responde en una actuación para cine, se le responde también en variados espacios sociales, ya sea que se encuentren en la oficina, en el hogar o en el bolsillo. El sistema de evaluación-invasión aparece en toda situación. Preguntémonos de pronto ¿Compartimos y producimos a partir de legitimar con acciones nuestro espacio (pensamos) o respondemos a la máquina que ha hecho su lugar en ese espacio interno, trastocando nuestra voluntad hasta su sometimiento estéril (piensan por nosotros)?

Por: Eduardo Méndez

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